La Universidad de Zaragoza contará con un edificio de emisiones cero, gracias a un planteamiento basado en la sostenibilidad que abarca todas las fases del proyecto: desde el diseño hasta el mantenimiento y la demolición, pasando por la selección de materiales constructivos, entre los que se encuentra el bloque Termoarcilla, que formará los muros exteriores. Todas las etapas de la vida del edificio están diseñadas con el fin de evitar costes energéticos y medioambientales.
El Centro de Investigación de Recursos y Consumos Energéticos (CIRCE) será un edificio de dos plantas que se ubicará en el Campus Río Ebro de la Universidad de Zaragoza. Se ejecutará en dieciocho meses, a partir de la licencia ya solicitada al Ayuntamiento de Zaragoza, con un presupuesto de 2.400.000 euros procedentes de los fondos FEDER y del Gobierno de Aragón.
Según la arquitecta Petra Jebens, que ha dirigido el equipo que ha elaborado este proyecto en el que han participado diez países, afirma que el edificio CIRCE “se basa en una arquitectura sostenible, resultado de una arquitectura bioclimática y de la bioconstrucción. Así se da importancia al aislamiento térmico, la inercia térmica y el aprovechamiento solar; y también al uso de materiales saludables con escaso impacto medioambiental”.
Jebens, experta en bioconstrucción, explicó los pormenores arquitectónicos de este edificio, que contará con tres núcleos: cúpula, despachos agrupados a su alrededor y laboratorios.
Los laboratorios constituirán una nave rectangular a 36 grados sobre el eje este-oeste, que actuará como barrera contra los vientos del cierzo. De este modo se evitan los considerables descensos de temperatura no deseados en los meses fríos. Se prevé aquí la construcción de una chimenea solar, que aproveche estos vientos dominantes para refrigerar el edificio de forma natural durante los meses de verano.
La edificación se realizará siguiendo las normas de la bioconstrucción, utilizando materiales nobles, como ladrillos, corcho natural, madera, piedra natural y pinturas naturales al silicato, que no perjudiquen el medio ambiente. Aplicando estrictamente los criterios de sostenibilidad no se utilizarán materiales tóxicos.
La estructura vertical está compuesta por muros de carga de diferentes espesores. Los muros principales exteriores serán de dos caras: la cara exterior de bloque Termoarcilla reforzado con armadura en el tendel y la interior de ladrillo perforado de un pie, ambas unidas con grapas de unión de llaves de acero inoxidable.
Cubiertas vegetales: las cubiertas del edificio se proyectan con sistemas de ajardinamiento conformando un biotopo de plantas autóctonas que constituyen una opción ecológica y económica muy ventajosa: compensan la ocupación de superficies libres, generan oxígeno, actúan de aislamiento térmico y acústico, favorecen la absorción de partículas de polución y suciedad, se evita el recalentamiento en verano y, por último, reducen las oscilaciones extremas de temperaturas y la humedad.
Invernadero: en planta baja existirá un invernadero, que irá adosado a la fachada curvada del sur, y tendrá el techo acristalado. Funcionará como calefacción en invierno, incluso durante las horas sin sol, debido a la acumulación de calor en la masa de elevada inercia térmica de paredes y suelo.
”Es un proyecto de investigación en sí mismo, pretende ser un edificio singular y ejemplar, un modelo, un portal de los últimos avances tecnológicos en ecoeficiencia”, explicó Antonio Valero, director del CIRCE, fundación constituida en 1993 y cuyos objetivos son la investigación, fomento de energías renovables, eficiencia y planificación energética y formación en optimización y energías renovables.
Con este edificio se pretenden establecer las bases científico-tecnológicas para el desarrollo de Edificios de Cero Emisiones (ZEB) integrando técnicas avanzadas de bioconstrucción, ahorro energético, agua y materiales y energías renovables, para la máxima eficacia de los recursos sin disminuir el confort térmico.
Más información: http://circe.cps.unizar.es/