El aislante de celulosa deriva de las fibras naturales de la madera, por lo que posee características similares a la madera.
Al no dejar pasar el calor, este se queda dentro de la vivienda en invierno, mientras que en verano la alta capacidad de absorción de calor específico nos proporciona una temperatura fresca en el interior.
Las oscilaciones de la temperatura a lo largo del día se minimizan gracias a la capacidad de la celulosa de absorber el calor y por tanto de regular la temperatura. Al mismo tiempo, se reduce claramente el calentamiento general de las habitaciones. De esta manera la celulosa logra una curva de temperatura muy equilibrada en todas ellas, incluso en pleno verano.
El resultado es el desplazamiento temporal del paso del calor hacia el interior del edificio, es decir que consigue invertir la curva del desarrollo de la temperatura y además, mantenerla más equilibrada. Este desplazamiento temporal alcanza hasta dieciséis horas, con lo que la alta temperatura del mediodía penetra hacia el interior de forma bastante reducida por la noche, cuando ya hace más fresco.
Enlace : www.ecomarc.es/category/econoticias/